26. Februar 2026

ROSE

Sandra Hüller spielt einen Mann und gewinnt ihren zweiten Silbernen Bären

Betrachtung von Arezoo Salehi

Deutsche Fassung • scrool down for the English version

© Plakat: Schubert, ROW Pictures, Walker+Worn Film, Gerald Kerkletz

Der Film Rose von Markus Schleinzer zählt zu den herausragenden Beiträgen des Wettbewerbs der Berlinale 2026. Es handelt sich um ein historisches, kontemplatives Drama, das mit einem kühlen, minimalistischen Blick Fragen von Identität, Geschlecht und struktureller Gewalt untersucht.

Die Handlung spielt im Europa des 17. Jahrhunderts nach den verheerenden Kriegen jener Zeit. Ein geheimnisvoller Mann namens Rose erscheint in einem abgelegenen Dorf und erhebt Anspruch auf einen verlassenen Hof. Nach und nach wird er von der verschlossenen und misstrauischen Dorfgemeinschaft akzeptiert — doch er verbirgt ein großes Geheimnis: Rose ist in Wirklichkeit eine Frau, die jahrelang unter männlicher Identität lebte, um zu überleben und Freiheit zu erlangen.

Mit seiner Schwarzweiß-Bildgestaltung und einer rauen, kalten Atmosphäre entwirft der Film eine zeitlose und unerbittliche Welt. Der Regisseur verzichtet bewusst auf Melodrama und direkte Erklärungen und konfrontiert das Publikum stattdessen mit moralischen und identitären Fragen, ohne einfache Antworten zu liefern.

Eine besondere Stärke des Films ist die eindrucksvolle Darstellung von Sandra Hüller. Mit minimalem Dialog und durch den Einsatz von Stille, Blicken und Körpersprache erschafft sie eine komplexe und rätselhafte Figur — zugleich hart, verwundet und verletzlich. Ihre körperliche Transformation und die überzeugende Aneignung männlicher Bewegungsmuster erhöhen die Glaubwürdigkeit der Rolle erheblich. Sandra Hüller gewann ihren zweiten Silbernen Bären als Schauspielerin dafür.

Auch visuell gehört der Film zu den bemerkenswertesten Beiträgen des Festivals. Die Einstellungen sind präzise komponiert und erinnern häufig an klassische Gemälde. Die Mise-en-scène ist mit fast obsessiver Genauigkeit gestaltet; Licht, Textur und räumliche Starre verstärken das Gefühl von Schwere und Brutalität der erzählten Welt. Dadurch erhält der Film eine skulpturale, meditative Qualität.

Im Anschluss an die Vorführung fand eine Pressekonferenz mit dem Regisseur und den beiden Hauptdarstellerinnen statt. Sie sprachen über die Entwicklung der Figuren, die physischen und psychischen Herausforderungen der Rollen sowie über den Blick des Films auf Geschlechtsidentität. Der Regisseur betonte, dass es ihm weniger um historische Rekonstruktion als um die Darstellung von Machtmechanismen und sozialer Ausgrenzung in menschlichen Gesellschaften gehe.

Insgesamt ist Rose ein langsames, kühles und tiefgründiges Werk, das weniger auf eine ereignisreiche Handlung als auf psychologische Atmosphäre, innere Spannung und visuelle Gestaltung setzt. Für ein breites Publikum mag der Film anspruchsvoll sein, doch für Liebhaber des Autorenkinos stellt er eine eindringliche und nachhaltige Erfahrung dar.

© Foto: Dirk Michael Deckbar • Berlinale 2026
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English version 

Sandra Hüller plays a man and wins her second Silver Bear at Berlinale 2026

Review by Arezoo Salehi

Rose, directed by Markus Schleinzer, is one of the standout entries in the 2026 Competition at the Berlin International Film Festival. This historical drama offers a cold, minimalist meditation on identity, gender, and the violence embedded in social structures.

Set in 17th-century Europe after devastating wars, the story follows a mysterious man named Rose who arrives in a remote village and claims ownership of an abandoned farm. Gradually accepted by the closed and suspicious community, he hides a profound secret: Rose is in fact a woman who has lived for years under a male identity in order to survive and attain freedom.

Shot in stark black and white, the film constructs a timeless and merciless world. The director avoids melodrama and explicit exposition, instead confronting viewers with moral and existential questions while refusing easy answers.

A major strength of the film is the remarkable performance by Sandra Hüller. With minimal dialogue, she relies on silence, gaze, and physical presence to create a complex and enigmatic character — simultaneously hardened, wounded, and fragile. Her physical transformation and mastery of masculine movement make the portrayal highly convincing. Sandra won her second Silver Bear Trophy as actress for this work.

Visually, the film is among the most striking works of the festival. The compositions are meticulous and often evoke classical paintings. The mise-en-scène is arranged with almost obsessive precision; the interplay of light, texture, and spatial stillness intensifies the sense of weight and brutality permeating the film’s world. This visual design lends the work a sculptural, contemplative quality.

Following the screening, a press conference was held with the director and the two lead actresses. They discussed the development of the characters, the physical and psychological demands of the roles, and the film’s perspective on gender identity. The director emphasized that his aim was not mere historical reconstruction but an exploration of power mechanisms and social exclusion within human societies.

Overall, Rose is a slow, austere, and deeply reflective film that prioritizes psychological atmosphere, inner tension, and visual language over plot-driven storytelling. It may not appeal to mainstream audiences, but for admirers of art-house cinema it offers a powerful and lasting experience.

© Foto: Sandra Weller • Berlinale 2026



19. Februar 2026

SIRAT

Sirat: cruzar el camino invisible

de Mercedes Ortego

scrool down for English and German versions · Englische und Deutsche Übersetzungen befinden sich unten im Text 
 

En árabe, Ṣirāṭ (صراط) significa camino, sendero. Pero no cualquier camino. En el Corán aparece como “aṣ-ṣirāṭ al-mustaqīm”, el camino recto, la vía moral y espiritual. En la tradición islámica, el Sirat es también el puente que las almas deben cruzar tras el Juicio Final: más fino que un cabello, más afilado que una espada, suspendido sobre el abismo. Solo quien ha seguido el camino correcto logra atravesarlo.

Con esa carga simbólica, el título de la nueva película de Oliver Laxe no es casual. Sirat no habla solo de un viaje por el desierto: habla de un cruce. De un tránsito frágil entre lo que somos y lo que podríamos dejar de ser. No es solo un viaje físico por el desierto. Es un cruce, un tránsito, un punto sin retorno. Un paso frágil entre lo que eras y lo que serás.

Dolor, romanticismo y fantasía. Pero también pérdida, comunidad y ruptura. Nominada al Óscar a Mejor Película Internacional y Mejor Sonido, Sirat es una experiencia que no se limita a narrarse: se atraviesa.

Había escuchado opiniones muy dispares antes de verla. Quizá por eso la curiosidad era mayor. Desde sus primeras imágenes, la película se instala en un territorio incierto. No sabemos exactamente qué estamos viendo ni hacia dónde se dirige. Y esa incertidumbre es parte del viaje.

Una rave real en medio del desierto

Uno de los elementos más impactantes es la secuencia de la rave en el desierto de Marruecos. No se trata de una recreación artificial con extras, sino de una fiesta real organizada por el equipo de la película junto a colectivos auténticos del movimiento free party/rave. Durante varios días, DJs y ravers de toda Europa participaron en un evento continuo, generando una energía genuina difícil de fingir ante la cámara.

El resultado es hipnótico. El sonido —nominado al Óscar y diseñado por un equipo íntegramente femenino formado por Laia Casanovas, Amanda Villavieja y Yasmina Praderas— no acompaña la imagen: la envuelve, la transforma. La película se convierte en un trance sensorial donde lo audiovisual adquiere una fuerza casi física.

Un viaje hacia lo desconocido

Se ha descrito como una mezcla de road movie, cine de autor y retrato de subcultura. Pero Sirat es, ante todo, un viaje. Oliver Laxe introduce a sus personajes con calma y los deja avanzar hacia el interior del desierto. A medida que se adentran en ese paisaje árido e infinito, también se adentran en un territorio emocional más frágil.

Pequeñas escenas cotidianas construyen una cercanía inesperada. Los personajes, que en un inicio pueden parecer cultural o socialmente distantes, empiezan a resultar profundamente humanos. Y cuando esa conexión ya está consolidada, la película golpea. Lo inesperado irrumpe sin aviso y deja al espectador descolocado, conmovido.

Ahí reside una de sus mayores virtudes: no deja indiferente. Puede incomodar o fascinar, pero no pasa sin tocar algo.

Estética y referencias

Visualmente, el desierto se convierte en un espacio casi mítico. La elección cromática y la composición de algunas escenas evocan imaginarios como Dune o ciertos paisajes de La guerra de las galaxias. Sin embargo, aquí el desierto no es solo escenario: es estado mental, es vacío, es espejo.

Y es sorprendente cómo, con tan pocos elementos —unos cuantos personajes, dos camiones y un paisaje inmenso— la película consigue construir una experiencia tan intensa.

Curiosidades

Para la secuencia de la rave en Sirat, Oliver Laxe no la filmó como una escena meramente recreada con extras, sino que organizó y rodó una fiesta real con gente real del movimiento free party/rave, buscando autenticidad en la música, la gente y el ambiente.

En una entrevista, Laxe explicó que para la escena trabajaron con colectivos reales del movimiento rave y free parties, e incluso invitaron a ravers de toda Europa a un evento que se planificó como una rave auténtica de varios días. La intención era evitar que pareciera una “fiesta cinematográfica” artificial y, en cambio, capturar una energía real con personas que realmente forman parte de esa cultura.

El director también comentó que la producción fue muy compleja, porque tuvieron que hacer legal algo que normalmente sería ilegal, y que querían que el público de la fiesta fueran ravers reales, no actores disfrazados.

Además, la música no se detuvo durante tres días, con speakers y DJs tocando para una multitud real, lo que reforzó que el ambiente no fuese una simple ficción, sino una fiesta auténtica con una atmósfera verdadera.

Un reparto entre lo profesional y lo real

Sergi López, actor de sólida trayectoria, interpreta al personaje principal (Luis). Lidera el reparto con contención y humanidad. Su hijo en la película es el actor Bruno Núñez Arjona.

El resto del reparto —como Jade Oukid, Tonin Janvier, Stefania Gadda, Richard Ballamy o Joshua Liam Henderson— no eran actores profesionales en el sentido tradicional. Muchos de estos intérpretes fueron seleccionados mediante un proceso de “street casting”, liderado por Nadia Acimi, que además fue diseñadora de vestuario de la película. Por ejemplo:

  • Jade Oukid fue descubierta en un festival en Portugal.
  • Tonin Janvier es performer y ha pasado gran parte de su vida en África Occidental.
  • Stefania Gadda fue recomendada por habitantes de un pueblo español.

 

Más allá del cine

Al terminar la proyección, uno sale distinto. Como si realmente hubiese atravesado ese puente invisible. La película invita a pensar en la fragilidad de lo cotidiano, en cómo lo inesperado puede irrumpir en cualquier momento y alterar la vida para siempre. Y también en la necesidad de comunidad, de pertenencia, de búsqueda.

Sirat no es una película cómoda ni complaciente. Es una experiencia sensorial y emocional que exige entrega. Pero para quien esté dispuesto a cruzar el camino, el viaje merece la pena.

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 ENGLISH VERSION

Sirat: Crossing the Invisible Path

von Mercedes Ortego

In Arabic, Ṣirāṭ (صراط) means path, way. But not just any path. In the Qur’an it appears as “aṣ-ṣirāṭ al-mustaqīm”, the straight path, the moral and spiritual way. In Islamic tradition, the Sirat is also the bridge that souls must cross after the Final Judgment: thinner than a hair, sharper than a sword, suspended over the abyss. Only those who have followed the right path can make it across.

With this symbolic weight, the title of Oliver Laxe’s new film is no coincidence. Sirat is not merely about a journey through the desert: it symbolizes a crossing. A fragile transition between what we are and what we might cease to be. It depicts not only a physical journey across the desert. It reveals a passage, a threshold, a point of no return. A delicate step between who you were and who you will become.

Pain, romanticism and fantasy. But also, loss, community and rupture. Nominated for the Academy Award for Best International Feature Film and Best Sound, Sirat is not simply a story to be told — it is an experience to be undergone.

Before seeing it, I had heard very different opinions. Perhaps that made my curiosity even stronger. From its very first images, the film settles into uncertain territory. We do not fully understand what we are watching or where it is heading. And that uncertainty becomes part of the journey itself.

A Real Rave in the Middle of the Desert

One of the most striking elements is the rave sequence in the Moroccan desert. Rather than staging an artificial scene with extras, the filmmakers organized and filmed a real free party with authentic members of the rave movement. For several days, DJs and ravers from across Europe took part in a continuous event, generating a raw, genuine energy that would have been impossible to fake on camera.

The result is hypnotic. The sound — Oscar-nominated and created by an all-female team (Laia Casanovas, Amanda Villavieja and Yasmina Praderas) — does not merely accompany the images; it envelops and transforms them. The film becomes a sensory trance in which sound and image acquire an almost physical intensity.

A Journey into the Unknown

It has been described as a road movie, auteur cinema, and a portrait of subculture. But above all, Sirat is a journey. Oliver Laxe introduces his characters with calm restraint and allows them to move gradually deeper into the desert. As they venture further into that arid, infinite landscape, they also enter more fragile emotional terrain.

Small, everyday moments create an unexpected intimacy. Characters who might initially seem culturally or socially distant begin to feel profoundly human. And once that connection has been established, the film strikes. The unexpected erupts without warning, leaving the viewer unsettled and deeply moved.

Here lies one of its greatest strengths: it does not leave anyone indifferent. It may unsettle or fascinate, but it does not pass without touching something within us.

Aesthetics and References

Visually, the desert becomes an almost mythical space. The color palette and certain compositions evoke cinematic universes such as Dune or desert landscapes from Star Wars. Yet here, the desert is more than a backdrop: it is a mental state, a void, a mirror.

It is remarkable how, with so few elements — a handful of characters, two trucks and an immense landscape — the film constructs such an intense experience.

Behind the Scenes

For the rave sequence, Oliver Laxe did not simply recreate a party with extras. Instead, he organized and filmed a real event with people genuinely involved in the free party/rave movement, seeking authenticity in the music, the participants and the atmosphere.

In interviews, Laxe explained that the production collaborated with real rave collectives and even invited ravers from across Europe to a multi-day event designed as a genuine rave. The intention was to avoid the artificial feeling of a “cinematic party” and instead capture the real energy of people who truly belong to that culture.

The director also noted that the production was highly complex because they had to legalize something that would normally be illegal. They wanted the crowd to consist of real ravers, not actors in costume.

The music did not stop for three days, with speakers and DJs playing continuously for a real audience — reinforcing the authenticity of the atmosphere.

Between Professional and Non-Professional Actors

Sergi López, a seasoned and widely respected actor, plays the main character (Luis), leading the cast with restraint and humanity. His son in the film is portrayed by Bruno Núñez Arjona.

The rest of the cast — including Jade Oukid, Tonin Janvier, Stefania Gadda, Richard Ballamy and Joshua Liam Henderson — were not professional actors in the traditional sense. Many were selected through a street-casting process led by Nadia Acimi, who also served as the film’s costume designer. For example:

  • Jade Oukid was discovered at a festival in Portugal.
  • Tonin Janvier is a performer who has spent much of his life in West Africa.
  • Stefania Gadda was recommended by residents of a Spanish village.

Beyond Cinema

When the screening ends, one leaves changed — as if having crossed that invisible bridge. The film invites reflection on the fragility of everyday life, on how the unexpected can erupt at any moment and alter everything forever. It also speaks of community, belonging and the human need to search.

Sirat is not a comfortable or complacent film. It is a sensory and emotional experience that demands surrender. But for those willing to cross the path, the journey is worth it.


 

DEUTSCHE VERSION

Sirat: Den unsichtbaren Weg überschreiten

von Mercedes Ortego

Im Arabischen bedeutet Ṣirāṭ (صراط) Weg oder Pfad. Aber nicht irgendein Weg. Im Koran erscheint der Begriff als „aṣ-ṣirāṭ al-mustaqīm“ – der gerade Weg, der moralische und spirituelle Pfad. In der islamischen Tradition ist der Sirat auch die Brücke, die die Seelen nach dem Jüngsten Gericht überqueren müssen: dünner als ein Haar, schärfer als ein Schwert, über dem Abgrund gespannt. Nur wer dem rechten Weg gefolgt ist, kann sie überqueren.

Mit dieser symbolischen Bedeutung ist der Titel des neuen Films von Oliver Laxe kein Zufall. Sirat erzählt nicht nur von einer Reise durch die Wüste, sondern von einem Übergang. Von einem fragilen Moment zwischen dem, was wir sind, und dem, was wir vielleicht aufhören zu sein. Es ist nicht nur eine physische Reise durch die Wüste. Es ist eine Schwelle, ein Übergang, ein Punkt ohne Rückkehr. Ein zerbrechlicher Schritt zwischen dem, der du warst, und dem, der du sein wirst.

Schmerz, Romantik und Fantasie. Aber auch Verlust, Gemeinschaft und Bruch. Nominiert für den Oscar als Bester Internationaler Film und für Bestes Sounddesign, ist Sirat keine Geschichte, die man nur betrachtet – sie ist eine Erfahrung, die man durchlebt.

Vor der Sichtung hatte ich sehr unterschiedliche Meinungen gehört. Vielleicht war gerade deshalb meine Neugier besonders groß. Schon mit den ersten Bildern betritt der Film ein unsicheres Terrain. Wir wissen nicht genau, was wir sehen oder wohin die Reise führt. Und gerade diese Unsicherheit wird Teil des Weges.

Ein echter Rave mitten in der Wüste

Eines der eindrucksvollsten Elemente ist die Rave-Sequenz in der marokkanischen Wüste. Statt eine künstliche Szene mit Statisten zu inszenieren, organisierte das Filmteam eine reale Gratis-Party mit echten Ravern. Über mehrere Tage hinweg nahmen DJs und Raver aus ganz Europa an einer durchgehenden Veranstaltung teil und erzeugten eine authentische Energie, die sich kaum inszenieren ließe.

Das Ergebnis ist hypnotisch. Der Sound – Oscar-nominiert und gestaltet von einem rein weiblichen Team (Laia Casanovas, Amanda Villavieja und Yasmina Praderas) – begleitet die Bilder nicht nur, er umhüllt und transformiert sie. Der Film wird zu einem sinnlichen Trancezustand, in dem Bild und Ton eine beinahe körperliche Intensität entwickeln.

Eine Reise ins Unbekannte

Der Film wurde als Mischung aus Roadmovie, Autorenkino und Subkultur-Porträt beschrieben. Doch vor allem ist Sirat eine Reise. Oliver Laxe führt seine Figuren mit ruhiger Hand ein und lässt sie immer tiefer in die Wüste vordringen. Mit der Weite der Landschaft betreten sie zugleich ein emotional verletzlicheres Terrain.

Kleine alltägliche Momente schaffen eine unerwartete Nähe. Figuren, die zunächst kulturell oder sozial fremd erscheinen mögen, werden zutiefst menschlich. Und sobald diese Verbindung entstanden ist, trifft der Film. Das Unerwartete bricht ohne Vorwarnung herein und hinterlässt das Publikum erschüttert und bewegt.

Darin liegt eine seiner größten Stärken: Er lässt niemanden unberührt. Er kann irritieren oder faszinieren – aber gleichgültig bleibt man nicht.

Ästhetik und Referenzen

Visuell wird die Wüste zu einem beinahe mythischen Raum. Die Farbgestaltung und bestimmte Bildkompositionen erinnern an filmische Universen wie Dune oder Wüstenlandschaften aus Star Wars. Doch hier ist die Wüste mehr als nur Kulisse: Sie ist ein mentaler Zustand, Leere, Spiegel.

Erstaunlich ist, wie mit so wenigen Elementen – einigen Figuren, zwei Lastwagen und einer endlosen Landschaft – eine derart intensive Erfahrung entsteht.

Hinter den Kulissen

Für die Rave-Sequenz filmte Oliver Laxe keine bloße Inszenierung mit Statisten, sondern organisierte ein reales Fest mit echten Mitgliedern der Free-Party-Rave-Szene, um Authentizität in Musik, Atmosphäre und Publikum zu erreichen.

In Interviews erklärte Laxe, dass das Team mit realen Kollektiven zusammenarbeitete und sogar Raver aus ganz Europa zu einer mehrtägigen Veranstaltung einlud, das als echter Rave konzipiert war. Ziel war es, den Eindruck einer künstlichen „Film-Party“ zu vermeiden und stattdessen reale Energie einzufangen.

Die Produktion war äußerst komplex, da etwas legal organisiert werden musste, das normalerweise illegal wäre. Zudem sollte das Publikum aus echten Ravern bestehen – nicht aus verkleideten Schauspielern.

Die Musik lief drei Tage lang ohne Unterbrechung, mit DJs und Soundsystemen für ein reales Publikum, was die Authentizität der Atmosphäre zusätzlich verstärkte.

Zwischen Professionalität und Authentizität

Sergi López, ein Schauspieler mit langer und anerkannter Karriere, verkörpert die Hauptfigur (Luis) mit Zurückhaltung und Menschlichkeit. Seinen Sohn im Film spielt Bruno Núñez Arjona.

Die übrigen Darsteller – darunter Jade Oukid, Tonin Janvier, Stefania Gadda, Richard Ballamy und Joshua Liam Henderson – waren keine professionellen Schauspieler im klassischen Sinn. Viele wurden durch ein Street-Casting ausgewählt, das von Nadia Acimi geleitet wurde, die zugleich für das Kostümdesign verantwortlich war. Beispielsweise:

  • Jade Oukid wurde auf einem Festival in Portugal entdeckt.
  • Tonin Janvier ist Performer und hat einen Großteil seines Lebens in Westafrika verbracht.
  • Stefania Gadda wurde von Bewohnern eines spanischen Dorfes empfohlen.

Jenseits des Kinos

Am Ende verlässt man das Kino verändert – als hätte man diese unsichtbare Brücke selbst überschritten. Der Film regt dazu an, über die Zerbrechlichkeit des Alltags nachzudenken, darüber, wie das Unerwartete jederzeit hereinbrechen und alles verändern kann. Und über das Bedürfnis nach Gemeinschaft, Zugehörigkeit und Suche.

Sirat ist kein bequemer oder gefälliger Film. Er ist eine sinnliche und emotionale Erfahrung, die Hingabe verlangt. Doch wer bereit ist, diesen Weg zu überschreiten, für den lohnt sich die Reise.